24 agosto, 2016

Escritores, bloggers y colaboradores que ignoran a sus lectores

Este Editorial lo único que pretende es llamar la atención de aquellos bloggers, escritores, columnistas y colaboradores que ignoran a sus lectores y que se agazapan tras su pantalla de ordenador a la espera de las alabanzas y comentarios que esperan produzcan sus escritos.


Atrás quedaron los tiempos en la que la relación escritores-lectores era unidireccional.
Comentar y participar en una entrada o en un post cuesta trabajo y en muchos casos hasta leerlos. Y es lo que pretendemos y esperamos cada vez que publicamos un artículo, un texto o una entrada, que nos lean y que nos comenten. Y son muchos aquellos escritores, bloggers y colaboradores que pasan por alto el responder, agradecer o debatir con aquellos lectores que se han tomado la molestia de dejar un comentario en alguna de sus entradas o escritos.

Beneficios de interactuar con tus lectores.

Los beneficios que te puede generar comentar e interactuar con tus lectores son una obviedad. No creo que sea preciso enumerarlos. En una entrada anterior ya hablé sobre ello en ¿De qué vive un blog? Pero se puede hacer extensible a ¿De qué vive un escritor, un blogger, un articulista o colaborador? Te lo resumo: vive de sus lectores. Sin ellos su actividad no tiene sentido. No soporto a esos escritores que esgrimen que escriben por necesidad. Sí, queda muy bonito de cara a la galería y siempre pongo el mismo ejemplo: ¿Imaginan ustedes a un cocinero creando platos, cocinando y tirándolos a la basura? Pues con la escritura pasa lo mismo. Se escribe para ser leído, no para tirar lo escrito o guardarlo en una gaveta.
  • Comentar y debatir con tus lectores edifica tu imagen, tu marca, te identifica como accesible y cercano. Atrás quedaron los tiempos en la que la relación escritores-lectores era unidireccional. Nos ayudará a obtener su complicidad y a crear una comunidad entorno a nuestra creación. Me parece una falta de respeto ignorar a una persona que ha empleado su tiempo en leer lo que escribimos y la molestia de reflexionar sobre lo leído y dejar su punto de vista.
  • Comentar y debatir con tus lectores fomenta que otros lectores se sumen al debate y se engrandezca. Que el mensaje o la idea principal crezca y se llene de nuevos matices. A no ser que estés en poder de la verdad absoluta.
  • Comentar y debatir con tus lectores permite "textear" tu escritura y que tus ideas obtengan la complicidad de tu comunidad y de tus lectores. También analizar si vamos por el camino correcto y trabajar en aspectos a mejorar... No creo que te puedas permitir el lujo de no aprovechar esta oportunidad. Los escritores de apenas 15 años atrás no tenían esta suerte.

Pero nadie ha dicho que esto sea sencillo. Perder un lector es muy fácil, basta que no le respondas en dos ocasiones a sus comentarios. Ganarlo es lo complicado. En La Esfera Cultural publicamos colaboraciones, y muchos piensan que con su primera colaboración/publicación tendrán bajo sus letras de forma inmediata a cientos de lectores y algunos olvidan agradecer o responder a los comentarios de los lectores. O lo hacen soloa la primera. Y la pregunta es ¿se acordarán de ti o se molestaran en comentar o leerte cuando vuelvas a publicar algo? Creo que ya sabes la respuesta.

Ganar lectores y cómplices de nuestras entradas o artículos no es labor de un día. Ni de semanas. Ni de meses. En muchas ocasiones de años. Así que te propongo que perseveres en contestar, debatir y acercarte a tus lectores. Y que pienses que si te cuesta trabajo a ellos también. Y sin lectores escribir no tiene sentido.

P.D. Ahora lo tienes muy sencillo. En muchas ocasiones basta con marcar un “me gusta” o un +1 en Google. No hay excusas.

Hasta el próximo Editorial del domingo
Artículo: Francisco Concepción

Editoriales que te pueden interesar

21 julio, 2016

Timidez

Bajo la marquesina del bus estábamos la chica del yogurt y yo. Deseaba decirle algo en lugar de mirarme los cordones de los zapatos. La noche templada, sin apenas tráfico, invitaba a la intimidad, pero yo le daba la espalda abrumado por el blanco de sus dientes perfectos. Quién fuera yogurt para visitar el túnel de sus labios acolchados. Ante su rostro luminoso, el mío era una sombra pendiente del bus que ya paraba. Me monté y ella se quedó ahí, la cuchara suspendida junto a la boca, con ese aire de fresca eternidad que da la publicidad.

Texto: Mikel Aboitiz

14 julio, 2016

Las verdaderas HISTORIAS de amor son pasajeras

Las verdaderas historias de amor  son pasajeras. Autora: Pilar Aguarón Edita: La Fragua del Trovador. Páginas: 162
Título: 
Las verdaderas historias de amor 
son pasajeras.
Autora: Pilar Aguarón
Edita: La Fragua del Trovador.
Páginas: 162
Las verdaderas historias de amor son pasajeras, un intrigante título para un libro con quince relatos que nos llevan por las recreaciones de ensueño a las que accede la buena literatura. Y además del título, es la portada lo primero que nos atrapa, con ese contraste paradójico de observar un rostro angustiado rodeado de colores alegres, festivos, vibrantes. También la cuidada edición de Luis Sanz (La Fragua del Trovador) nos incita, nos atrae. Título, portada, hechura... tres imanes que se unen al tirón que como autora Pilar Aguarón Ezpeleta está alcanzando en el panorama narrativo.

Pilar Aguarón, destacada pintora, como demuestra con las aceradas ilustraciones que acompañan a los relatos de esta obra, comenzó tardíamente su andadura como escritora, en 2008, con un libro de relatos breves titulado precisamente “Relatos breves”. Su especialidad literaria se ha asentado en esa brevedad, aunque ha tenido una incursión en novela con “Hueles a sándalo” (2010, Editorial Certeza).

Su anterior entrega, “La casa de los arquillos”, como confirmación de que se ha convertido en la autora fetiche de la Editorial La Fragua del Trovador, dentro de la cual dirige la colección Palabras contadas, puede considerarse un híbrido entre libro de relatos y novela, porque conjuga una

10 julio, 2016

Los 5 clásicos de la literatura española que no puedes dejar de leer.

Decía Italo Calvino que «un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir, es un libro de relectura, de descubrimiento constante, cargado de huellas y señales, que suscita incesantemente "polvillo de discursos críticos" y que en definitiva sirve para definirse a uno mismo en relación o quizá en contraste con él».

En la historia de la literatura española tenemos muchos libros que cumplen con el precepto de Calvino. Lecturas que no pasan de moda, siempre actuales y que con cada relectura nos influencian, consciente o inconscientemente.

"Mujer leyendo" obra Fernando Botero de 1998.
Cinco clásicos con eternas buenas críticas por si estás en proceso de elección de lectura o pensando visitar la librería a comprar libros:

Obra de marcado sello anticlerical. Sátira de los excesos, vicios e hipocresías de los sacerdotes de la época.

Las vidas cruzadas de dos mujeres de distinta condición social unidas por un desenlace trágico. Novela representativa del realismo literario español.

La última obra de teatro que Lorca dejó terminada. El dolor cotidiano, familiar, el hermetismo hasta sus últimas consecuencias.

Reproche a la miseria moral y material de una familia burguesa. Laforet influyó en todos los escritores de su generación.

Considerada la obra más destacada de la literatura universal. Inagotable, escurridiza. Cervantes nos convida en cada lectura al juego de la interpretación. Pasados cuatrocientos años desde su edición sigue estando de moda leer El Quijote.

Hasta el próximo Editorial del domingo.

03 julio, 2016

Las amistades de Mary

Una camisa con un desgarrón así no la hubiera remendado nadie, pero el que le cosió la cara a ese tal Harry debió de ser un médico con alma de sastre. «Soy Harry. Ni me has visto ni jamás volverás a verme», fue su saludo en la cuneta de una carretera olvidada. Le entregué el sobre con dos fotos de mi esposa y el dinero. Su voz aguardentosa me sosegó tanto como si el diablo me diera las buenas noches: «Todo irá bien». Abrió la puerta de mi coche y se quedó esperando a que me alejara, convirtiéndose en una figurita menguante en el retrovisor.

Una semana después, la Guardia Civil dio conmigo en Texas para informarme del accidente de Laura. Regresé para arreglar el entierro y lo del pastón del seguro de vida.
Sé que soy un malnacido y, aun así, Mary —ansiosa por verme de vuelta— me tiene en un pedestal de oro. Pasado un tiempo prudencial, nos casaremos. Ese fue nuestro trato. Al teléfono, me cita la Biblia para tranquilizarme: «Love covers over a multitude of sins». Desconozco su religión, pero temo toparme un día con Harry, el más fiel de sus apóstoles.

Texto: Mikel Aboitiz

25 junio, 2016

Nunca más regales tu libro

El mundo que hemos creado gira alrededor del valor que le damos a todas las cosas, sean objetos materiales (un coche, una joya o una camiseta), o sean conceptos inmateriales o abstractos, (creencias religiosas, las leyes o las ideologías políticas). Así que todo aquello a lo que no le inyectamos valor no es apreciado.


Es más sencillo otorgarle valor a aquellas cosas que nos han supuesto un coste su obtención
Podemos resumir que todo aquello que a la gente no le cuesta dinero, trabajo o tiempo lo subestima y no le otorga el valor que tiene. Todos sabemos que a “lo gratis” no le prestamos atención, siempre lo consideramos un servicio u objeto de saldo, algo que no tiene valor.

Así que debemos de empezar, por nuestra propia cuenta, a ponerle el valor que tiene nuestro libro o novela. Si lo regalas lo verán como literatura de segunda categoría, un subproducto literario, un capricho de escritor. Al no costarle nada, posiblemente no hagan ni el esfuerzo por leerlo. Los que pasan por la caja de una librería hacen, por lo menos, el intento de leerlo para amortizarlo. Les duele el dinero desembolsado.

Y no hablo por pura teoría. Con motivo de la publicación de “El caso de la Pensión Padrón” como en anteriores ocasiones he regalado bastantes ejemplares. Me considero una persona espléndida, despegada del dinero y agradecida, por lo que siempre trato de obsequiar con un ejemplar de lo que publico a los amigos, a la gente que quiero, a las que tengo algo que agradecer (que son muchos), a la familia... y tras analizar los resultados me doy cuenta que son muy pocos los que lo leen. Los más cercanos son los menos que te leen; mientras que de los desconocidos, aquellos que lo han comprado, he recibido elogios, felicitaciones y halagos:
¿Cuál es el motivo de que no lean el libro que regalas?

El principal motivo es el ya apuntado: Lo regalado no tiene valor. Si la gente no se “rasca” el bolsillo no hacen el intento de recuperar la inversión.
Otro motivo es que tú, siempre serás Pepito, como llamaban a José Saramago sus familiares y amigos, o serás Pablito, como llamaban los cercanos a Pablo Neruda. Así, tus cercanos (amigos, familiares, etc.), te verán toda la vida como ese que un día empezó a escribir.

Y si se consideran tan amigos, de inmediato deberian de dar el paso y comprar tu libro. Valorar tu trabajo, tu dedicación, tu literatura... ¿De qué te vale regalarles un ejemplar si terminará en cualquier cajonera? Mejor invítalos a una cerveza. Aunque existen algunos casos en el que si regalas tu libro obtendrás un retorno. Ya hable de ello en Cuándo un escritor debe obsequiar o regalar su novela?

Por lo expuesto, no regalaré en el futuro ninguno de mis libros, el que quiera que los compre. Bueno, intentaré no hacerlo... ;))
Hasta el próximo Editorial del domingo.

15 junio, 2016

Mi laberinto

Recorro millares de líneas en las baldosas, estirándose imaginarias marcan horizontes demasiado cercanos, durante unos cinco minutos infinitos. He llegado hasta aquí sin tiempo, sin un destello en el reloj digital de mi móvil. Ahora, despacio, ya lejos de las llamas que me rodean sin quemar, lacerándome sin tocarme. Ahora, un segundo después y una vida más, con un torbellino agridulce que no encuentra acomodo entre las habituales tormentas. Mis pies se mueven rompiendo rayas, mi vista fija en el brillo dorado que se estira como un marca páginas entre un cielo limpio, sin rastro de nubes y un mar oscuro, roto con líneas atormentadas. Me quito las gafas, intento evitar cualquier fantasma entre la realidad y la caleidoscópica visión que eructo. En este momento, con mis ojos ligeramente cegados, veo el mar relajado, las olas tortuosas son vaivenes dulces de una canción de cuna. Es una página repetida, tan repetida como su reflejo, ambos inmensos e ingobernables a pesar de su tranquilidad, ilegibles y tan parejos en sus caricias y en sus arrebatos al ciclón que me aleja y me amarra, deshilachando cada segundo el tiempo monótono ya sin memoria.
En la fuente que me separa de la playa, rebusco entre la tela del bolsillo el placebo verdadero del olvido. Aplastada entre monedas, acicalada con las pelusas que se desgajan con el roce; la noto por el pinchazo de las afiladas esquinas del envoltorio. Lleva migajas de tabaco adheridas y las soplo. Está medio abierto por el trasiego que ha sufrido. La pliego clavándole la uña. Sucia de las alegrías, negras de grasa de

08 junio, 2016

Sáquelo a pasear

-¿Busca a alguien?» pregunta el gigante tuerto, ocultando con su corpachón la entrada de la mansión. Su ojo escruta la noche como un faro solitario que se posa en mí cuando respondo: -A Humphrey Bogart. Entonces franquea la puerta. Dentro me cachea un tipo canijo de manos grandes antes de conducirme a la sala de juego ilegal. Entre el rien ne va plus y el humo de los Montecristo me imagino ganando dinero a raudales, sonreído por Fortuna y opulentas damas. El hechizo dura hasta la puerta trasera por la que salgo acariciando sueños y al caniche enano del jefe.

Texto: +Mikel Aboitiz

31 mayo, 2016

Han llegado las mariposas

Textualmente, y punto por punto, le había dicho que la temporada de las mariposas era sagrada para ella; quería decir que por esos días nada habría de ocupar su tiempo, nada habría de frenar las ansiadas vacaciones.

Pero en realidad no eran vacaciones como tal, no. Eran los momentos que necesitaba para evadirse y dejar atrás casi todo. Ya tenía el billete de tren y ya tenía el equipaje preparado, una mochila, simple y llanamente, una mochila. Era bonita, tenía por fuera unos bolsillos de diferente color, y luego colgaban asaderas hechas de macramé para colgar las cholas y un rosario de perlas negras. Su bisabuela se lo dejó olvidado cuando se fue y ella lo tomó, con mucho cariño. Desde entonces lo lleva a todas partes, pero lo curioso es que había de estar siempre mostrado al todo aquel que quisiera verlo. Es una reliquia antiquísima y preciada. Pero pendía todo el tiempo, ya fuera en la mochila, ya en la esquina de uno de los barrotes de la cama.

Esperó que el cigarrillo se terminara de esfumar y aspiraba con premura. Entre sus labios daba gusto de ver el tabaco con la capa de papel cada vez más húmeda.

Fiona era una de esas mujeres que, en la primera impresión

30 mayo, 2016

Contraste

Es un obús el que entra arrasando, aunque herida, penetra como una guadaña un haz de luminosidad aligerando la sombra. La luna, modelando el estudio en un claroscuro que lo engulle, exterior infinito atraviesa el tamiz enmarcado, como a través de un embudo para desmenuzar la ambigüedad conquistada por los sucios rescoldos de una lumbre olvidada. Unos restos de negro carbón, salpicados de frágiles cenizas. Es intenso. Es monótono como un riachuelo colándose raudo sin sobresaltos, avasallando, arrinconando los encerrados tonos ciegos. Disfraza las telarañas y parches de tercera mano de las molduras adheridas al ventanal, de brillos y reflejos.
Las gotas de lluvia agarradas al cristal, acelerando su gravedad entre las grietas dispuestas al azar, lo difuminan impredecibles. Sus pinceladas, filtradas por una larga cortina pálida, raída, danzan etéreas en el aire viciado de la habitación.
El viento gélido, sin llamar, diluyó el vaho, se escurre sin dejar rastro poniendo el imperceptible fado del movimiento en el dosel. Atravesando ahora abrigado la distancia, agita sutilmente las cenizas, con un suspiro.
Imágenes, aristas, formas en blanco y negro ensalzadas por los caprichosos destellos y el caos, mimetizan sus desgracias en el contraste. Enfrentada, la pared, que enmarca la chimenea, está tintada por los roces albinos de la luna.
De la vieja piel acartonada cuelgan