18 junio, 2012

Amando Carabias, escritor


ENTREVISTA
La Esfera Cultural inicia una serie de entrevistas a los integrantes de su comité y colaboradores, de la mano de Antonio Guerrero, con el objetivo de ponerles cara y conocerles a cada uno de ellos mejor. La Esfera también tiene rostro.

Amando Carabias, escritor
A.G. He visto que sientes predilección por Terencio y por Sócrates, dos grandes entre los grandes por su autosinceridad. En tu biografía veo mucho de eso, de sencillez, de honestidad de transparencia.  Desde luego es un buen punto de partida. En tu caso te ha llevado a plantearte la literatura como un viaje no exento de resultados puesto que ya has publicado algunos títulos. ¿Por qué no nos hablas de ellos?

A.C. Lo primero, muchas gracias, Antonio por esta entrevista. Ojalá fuera la centésima parte de sencillez y honestidad de la que hablas.
Bueno, voy directo a la respuesta. Humanidad perdida fue mi primer libro publicado. Un poemario juvenil que me autoedité con el dinero de mi padre, que nunca me pidió cuentas de él. Es el primero, y nunca podré olvidarle. Veinte años después, en 2001, la Diputación de Segovia (donde trabajo) me editó la novela Aquel sábado lluvioso que es una reflexión sobre la muerte, y que cuelga, por así decir, de un punto y aparte del evangelio de San Juan; esta ficción se desarrolla entre el momento en que Jesús es enterrado y el instante en que Juan y Pedro acuden a la tumba vacía. No es un libro heterodoxo, ni siquiera polémico, es mi visión sobre un asunto que a todos los hombres nos concierne, pues bien sabemos que un día hemos de morir. En 2004 publiqué (volví a autoeditarme con la ayuda inestimable de dos amigos) una colección de relatos largos, Cuentos de Euritmia. Euritmia es el nombre de una ciudad de ficción, que se parece a Segovia,
como una gota se parece a otra. En 2011 publiqué mi segundo poemario, Versos como carne, fruto de mi experiencia bloguera, pues en el libro se recogen poemas publicados en mi blog. Y por último (hasta el momento) en el mismo 2011 dimos a la luz Oscurece en Edimburgo. Una novela fascinante por cuestiones literarias y personales.

Caricatura de Amando.
Autor José Orcajo. 
A.G. Tu último proyecto es, sin duda el de 7 plumas, que te ha llevado a participar en esa sensacional novela compartida.¿Cuáles son tus impresiones al respecto?

A.C. Responder a esta pregunta sin ser totalmente parcial, subjetivo y, en apariencia, exagerado, es imposible y además ni siquiera deseo intentarlo.
Entré en el proyecto por un impulso casi irreflexivo. Me apetecía una aventura de este tipo. No había habido experiencias similares que hubieran concluido de un modo satisfactorio. Y menos aún en el ámbito de Internet. Escribir una novela en la que trama y personajes fueran construcción colectiva era (y sigue siendo) una aventura cuyo éxito no es sencillo. Es decir, la propuesta de FranCo era como apuntarse a una expedición hacia territorios completamente desconocidos. Eso lo vi de inmediato, desde que hizo la sugerencia en un comentario a un relato por entregas que estaba publicando Marcos Alonso. Pero tal intuición quedó confirmada cuando se acordaron las bases del proyecto que se redujeron (como todos nuestros seguidores saben) al orden de publicación y los días en que debíamos hacerlo. Lo demás se dejó al libre albedrío de cada uno de los miembros. Como escritor, pues, me asomaba a un territorio diferente, atractivo y del que podría sacar múltiples beneficios.
Pero todo lo anterior, con ser importante, no es lo más importante.
El hecho de que se publicara en blog abierto a la participación de los lectores, era el componente más novedoso de la experiencia. Se dice que Dickens, cuando publicaba sus novelas por entregas a través de prensa británica, estaba muy atento a los comentarios que los lectores iban haciendo del proceso de su obra. Pues bien, nosotros hemos contado con esa participación en tiempo real, con posibilidad de dialogar con los lectores y recibiendo aportaciones concretas que han tenido su repercusión en la propia obra.
Pero, aún así, hay algo todavía más importante y que más me ha marcado desde el inicio de la escritura del texto: conocer, colaborar y trabar amistad con seis personas magníficas se mire por donde se mire. Y esto lo puedo decir alto y claro, porque nuestra relación no se limitó a la escritura on-line de la novela, sino que nos hemos visto en otros lugares como, por ejemplo, Las Palmas, Zaragoza, Lleida, Segovia, aunque no siempre todos juntos, por desgracia, salvo una ocasión en Zaragoza.

Amando Carabias
en la presentación de la novela
"Oscurece en Edimburgo",
con la escritora y también integrante
del comité de La Esfera, Anabel Consejo
A. G. ¿Cómo fue el modus operandi de la ejecución del proyecto? Imagino que entrelazar diferentes estilos fue difícil.

A.C. Como he explicado más arriba, el modus operandi fue sencillo: uno sabía que le tocaba escribir y publicar su capítulo a continuación del que había publicado, en mi caso, Dácil Martín. El resto era leer, no sólo el relato (lo más importante) sino los comentarios que en el blog se iban publicando. Como solemos decir, cada uno de nosotros era en una séptima parte escritor, las otras seis partes se correspondían a la de un lector, si se quiere un lector especial, pues sabía que le iba a tocar coger la péñola y añadir algunas líneas a la historia.
Como dices, a priori entrelazar diferentes estilos parecería lo más complicado. Sin embargo en este caso no lo fue. Y para ello hay una razón que me parece que forma parte de los cimientos de todo el proceso. O dos si se quiere. Por un lado tener clara conciencia de formar parte de un equipo, de no pretender imponer tus criterios (ni estilísticos ni para el argumento), sino adaptarse como el agua se adapta al recipiente que lo contiene; o dicho de otro modo: escribir con clara conciencia de que se escribe para el crecimiento de una historia. Por otra parte (aunque parezca una paradoja), saber que se contaba con total libertad para establecer un determinado rumbo, o dar un viraje en cualquier capítulo.
Además, en un momento determinado, la historia cobró tal poder y densidad que fue ella misma la que nos obligó. Y casi como por arte de magia, las diferencias de estilo no fueron divergencias, sino pluralidad enriquecedora. En el prólogo de la novela se establece el símil con la música coral. Cada cuerda (sopranos, contraltos, tenores, barítonos, bajos…) es diferente y tiene sus propias características; pero cuando se escucha una pieza coral bien interpretada, el oyente no cae en la cuenta de las diferencias, sino que percibe la armonía y belleza del conjunto que no podría ser el mismo sin la aportación de cada tonalidad. Por tanto, lo que a priori era una dificultad, se convirtió en uno de los mayores valores de la obra.

A .G. ¿Habrá algún proyecto similar en el futuro?

A.C. Sin duda. Al menos yo sigo dispuesto a colaborar con mis compañeros, o con otros amigos que han aparecido en el horizonte ‘esférico’. Supongo que nada será lo mismo, pero siempre y cuando el tiempo y las fuerzas lo permitan, y siempre y cuando ellos no se opongan, con Ana Joyanes, Anabel Consejo, Dácil Martín, Francisco Concepción, Inma Vinuesa y Marcos Alonso, me iría al fin del mundo. Y si ellos proponen la inclusión en el equipo de nuevas plumas, yo me fiaré de su propuesta. De hecho, como bien saben todos nuestros lectores de “La Esfera Cultural”, aunque no del mismo tipo, los proyectos colectivos no han cesado desde entonces.

A. G. Y en lo personal... ¿tienes algo mascullando en tu interior que aspire a convertirse en otra edición impresa?

A.C. Como suelo decir (y quienes me conocen bien, bien lo saben), mi verdadera pasión es la de la escritura. Y sí, tengo algo, pero incluso más que mascullado. Hasta que no se concreten los proyectos no conviene dar más detalles, porque tal y como está el mundo editorial no conviene anticiparse.

A. G. Tu colaboración con "La Esfera Cultural" es algo muy referido por ti. Sospecho que los lectores querrán saber como se establece la misma.

A.C. Mi primer contacto con el “La Esfera Cultural” fue a través de una persona que en aquel entonces participaba en mi blog. Al poco tiempo, y por otro canal diferente, fue el propio FranCo quien se puso en contacto conmigo. Si no me equivoco, a finales de 2009, y desde entonces participo en las medidas de mis posibilidades en esta tarea tan gratificante.
Que haga constante referencia a “La Esfera Cultural” es algo de obligado cumplimiento, pues siento el blog como algo propio. No algo exclusivo, sino un hogar compartido, gracias al cual he conocido y seguiré conociendo a muchas personas. Un hogar que ha servido para que muchos más me conozcan. Ahora mismo, y sin querer ser exagerado, o pecar de orgullo, “La Esfera Cultural” es un blog, pero es más que un blog. Es un proyecto amplio y ambicioso que, sin embargo, se edifica con tiento y sin prisa, como se construyen las cosas que importan. Es apasionante formar parte de este grupo, aunque a veces el tiempo (su escasez, digo) impida más dedicación. Asimismo me abre cada día nuevas perspectivas y hace que en mí aumente el espíritu crítico, pues la parte dura de formar parte del proyecto es la de tener que decidir cuándo un texto se publica o no.

A. G. La labor que realizamos entre todos es extraordinaria, sobre todo en los tiempos que corren. Como dijo una amiga mía , en esta crisis la literatura tiene o debe tener más sentido que nunca.

A.C. Y tu amiga tiene toda la razón del mundo. En tiempos como los que corren, cuando tenemos que transitar por estos senderos al borde mismo del precipicio por culpa de quienes nos han traído hasta aquí con manifiestos engaños, robos y otros actos torticeros y dañinos, nos queda la palabra. Como dijo el poeta, creo firmemente que la palabra es un arma cargada de futuro. Y aún voy más lejos, me parece que es la única defensa que nos queda. El poder transformador del mundo que tiene la palabra es evidente desde siempre, al menos en nuestra tradición. ¿Alguien puede asegurar que hoy estaríamos donde estamos sin la influencia incontestable de la religión, la filosofía o la literatura, al fin y al cabo las manifestaciones más altas de la palabra? Y qué duda cabe que la palabra que permanece algo más, que es la palabra escrita, cobra aún mayor necesidad. Hemos de decir y no callar, hemos de proclamar con contundencia y sin miedo que es el tiempo del hombre y no de los sistemas. Hemos de repetir con todas nuestras fuerzas, sin desfallecer, que cualquier cosa que conduzca a envilecer al ser humano ha de ser cortada de raíz. La tarea es inmensa, probablemente supere nuestras fuerzas, pero, por eso mismo, es urgente y es inaplazable.

A. G. Para finalizar me gustaría proponerte una expresión. ¿Podrías definirme que sería para ti una atracción zurda -por otra persona-?

A.C. La que nace del corazón, pues el corazón está a ese lado.