17 junio, 2012

Marrón, de Pilar Aguarón Ezpeleta

Título: Marrón
Autora: Pilar Aguarón
Editorial: La Fragua del Trovador
ISBN: 978-84-15044-20-8
PVP: 10 €
Páginas: 106

El pasado viernes se presentó en Zaragoza el nuevo libro de Pilar Aguarón Ezpeleta, Marrón, su nueva colección de relatos. Tuve el honor y la gran responsabilidad de ser la encargada de convencer a los que allí nos reunimos que leer el libro de Pilar es algo más que un gran acierto, es un placer, como el vino del Somontano: masticable y con gran perdurabilidad en el paladar. Acercaros a él y me daréis la razón. Os dejo con la presentación para que vayáis haciendo boca.

“Se llama marrón, pardo, castaño, canelo, café o aún carmelita a los colores rojo amarillos o rojo naranjas oscuros y poco saturados, semejantes a la coloración más frecuente de la madera o de la tierra.” Esto dice la Wikipedia del color marrón. Tendré que actualizar la entrada y agregar que, desde ahora, Marrón también es el título de un libro de relatos cuya autora es Pilar Aguarón Ezpeleta.
Un libro lleno de historias como la vida misma donde, de vez en cuando, una varita
deja caer unas brillantes motas de neorrealismo aragonés mezcladas con trazas de realismo mágico maño. Una mezcla efectiva, directa, concluyente, con sabor agridulce. Si algo no va a hacer este libro es dejar indiferente a nadie: algún órgano del cuerpo irremisiblemente va a ser pellizcado. Y lo será en lo que dura un microrrelato o un relato corto, porque Pilar Aguarón Ezpeleta es maestra de lo breve, que lo que predicó nuestro compatriota Baltasar Gracián se le quedó grabado desde bien pequeña. Su microrrelato La cajita de cerillas es la demostración de que en dos frases caben muchas historias. Cada lector podrá encajar la suya propia.
En otro aspecto más, Pilar Aguarón es maestra: en su capacidad para mezclar hechos históricos con sus historias inventadas. Ella es una amante y gran conocedora de la historia reciente de este país y esto se refleja en La abuela Silveria escrito a la memoria de José Antonio Labordeta. Aunque he de apuntar que en otros cuentos suyos esta faceta se puede observar y disfrutar mucho más. Os remito a cuentos como No hay mal que por bien no venga de su libro de relatos ¡Calla, tonta!
Marrón está plagado de sensaciones captadas en un instante, algunas casi podrían ser fotografías, pinturas a mano alzada, pero sin atisbos de duda, con pulso firme. Los relatos caen en las pupilas del lector como la lluvia torrencial o te sacuden las pestañas como el cierzo. Porque la tierra, la tierra aragonesa, Zaragoza están presentes en todo el libro. No se puede librar de su cultura, de su polvo, de su viento, de su agua brava cuando la hay. Meteorología que inunda absolutamente las cien páginas; origen, de todas ellas. Partiendo de semejantes coordenadas se entiende su contundencia y vigor, su firmeza y arraigo. Aunque algún cuento se desarrolle en Alsacia, sólo son los aires de cosmopolita, de mujer leída que la autora nos quiere hacer creer que tiene.

Otro componente fundamental, un personaje más diría yo de este libro, es el tiempo. El tiempo es un corsé que aprieta, que no perdona, que arrebata las ganas a cambio de arrugas, que agobia sin compasión a los personajes y, cuando los suelta, tiemblan al darse cuenta de la velocidad con la que su vida ha transcurrido o sucumben de miedo ante lo desconocido. El tiempo real, el que se puede medir, y el tiempo personal, el relativo, el incontenible, componen una pareja indisociable en los cuentos de Pilar. No existen el uno sin el otro, ni los personajes, sin ellos dos. Y es dentro de ese encuadre, de esas coordenadas temporales por donde discurren las historias y los protagonistas aderezados con la imperturbable certeza de que nada es eterno. Sin embargo, cuando se le escapa ese realismo mágico nos sorprende convirtiendo el tiempo en un tobogán, en una montaña rusa que puede ser moldeado al antojo del personaje o del destino. Por ejemplo en El mejor día en la vida de Odón Tobares su personaje se traslada en el tiempo, sin saber cómo, y consigue una vida mejor; en Alguna vez en el tiempo el protagonista es capaz de viajar varias vidas para encontrar su anhelo; en El milagro del ángel lloró se nos explica el misterio de la bilocación, y en Un matrimonio feliz se demuestra que el matrimonio puede ir más allá de este mundo.
Ya he dado las coordenadas espaciales y las temporales, pero aún hay una tercera coordenada más a tener en cuenta cuando nos acercamos a la obra de Pilar Aguarón: el destino y su justicia. El paciente fátum que no tiene prisa, que sabe esperar, que saborea como nadie la fría venganza y que no es ciego sosteniendo la balanza. Algunos recibirán su castigo en vida, otros, tal vez, en la otra; los más, a través de sentimientos de culpa, de remordimientos (Pecado de omisión), de decepción. Nadie se libra. No es que los cuentos de Pilar tengan un final dramático, no, alguno hay irónico o sarcástico, los menos tienen un final casi feliz, pero todos dejan un regusto agridulce de soledad y nos trasladan a su propio neorrealismo ubicado, esta vez, en Aragón. Tal vez, como a uno de los personajes de La noche helada, a Pilar no le gusten los finales felices o simplemente crea que la vida es así. Toc, toc, toc y Las manos de Rosa son un claro ejemplo donde las coordenadas tiempo y justicia-del-destino se aúnan para mostrarnos a unos personajes que son “sentenciados” al final de sus vidas.
La soledad merece una mención a parte: unas veces como aliada, otra como enemiga o, incluso, como castigo (Rumor de olas, Marrón, La metamorfosis de Gregorio Samsa). A la vez que tú es uno de mis cuentos favoritos de esta recopilación, donde la soledad, omnipresente personaje, lleva su poderío hasta las últimas consecuencias.
Ya no voy a reincidir en la absoluta realidad que baña todos los cuentos de este libro, incluso en los que el realismo mágico hace de las suyas, simplemente quiero hacer hincapié en dos cuentos: The End la narración del fin de una relación desde la crudeza y la frialdad totalmente objetivas; y La noche helada donde la realidad y la ficción saltan la una sobre la otra proporcionando al cuento más de tres dimensiones.
Podría seguir nombrando los elementos que componen la obra de Pilar, pero el único camino para conocer y entender a un escritor es leer su obra. Así que acabaré diciendo que no busquéis en este libro bálsamos para el alma, ni lazos rosas de regalos de aniversario, ni la tranquilidad de un arroyo; buscad la arrogancia del tiempo y el destino, la dictadura de la soledad y la realidad, la dureza de la lluvia y el viento, y os llevaréis una sorpresa cuando la brisa de la imaginación logre dulcificar cualquier monótona existencia y una sonrisa se os escape.

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