09 julio, 2012

La portera, el inspector y las bragas de la Candela


-Mire, espector…
-Inspector, doña Emilia, inspector.
-Bueno, como se diga. En el cuarto izquierda vivía ese chiquito negro que daba gusto verlo; bueno moreno, no me mire así.
-Doña Emilia, al grano.
-¡Jesús, el hombre, qué prisas!, usté déjeme a mi contarlo como yo sé y no me esté parando la conversa que después no me acuerdo por donde iba, ¿por donde iba espector?.
-Nada, nada, cuénteme lo que le pasó al muchacho, que por eso estoy aquí.
-Todo fue porque la Candelaria se lo empezó a trajinar; si, la recién viuda esa que vive en el cuarto derecha, puerta con puerta con él; todavía no se había enfriado el cuerpo de su difunto ¡que Dios tenga en los reinos de la Gloria! se puso a buscarlo como una perra; el chico qué iba a jacer, pues encoñarse. ¡Ay, qué escandaleras en ese piso; los gritos se oían hasta aquí abajo, todos los días de Dios, oiga, y a todas horas, que los oía todo el mundo!
-Pero ¿ lo mató ella, doña Emilia?, ¿Es que se pelearon?
-No, ella con sus manos no, sino que fue porque lo tenía como un perrito, lo mandaba a jacer cualquier cosa y allá iba él. Mire, ¿usté ve las liñas aquellas pa´tender la ropa en el cuarto derecha? Pues ahí tiende la Candelaria, y como no sabe ni poner las trabas, la jodía, con un fisco brisa que se metió ese día se le volaron unas bragas al patio; bueno, pues ya estaba ella llamando al chico pa´que bajara a buscárselas. Yo, desde que la oí gritar : ¡Samuel , baja a coger las bragas que se cayeron!, me asomé, por eso fui testiga, no por golifiona, pa´ algo estoy en la portería ¿no?; y ahí que bajó el moreno al patio de seguía. ¡Ay, Señor, yo no se si son cosas de Dios o del Diablo pero mire usté lo que son los casuales de la vida!; allá, en el bloque tan alto que se ve atrás d´este, allá, coño, mire pan´de le señalo ¿lo ve?, bueno pos en la azotea se pone el Tomasín con la escopeta de balines a matar palomas, ¡Dios se lo premie, porque mire que son cagonas las puñeteras! Oiga, ese día le endilgó un balinazo a una que la mató tantanea. Mire, aquello fue dino de verse: la paloma, que volaba lejos pa´arriba cayó a plan sobre la maceta que estaba en el muro de la azotea de aquí y cayeron al patio la maceta y la paloma cuando el chiquito se jallaba debajo, agachao, cogiendo las bragas de la Candela; bueno, pos de vez de caerle sobre la cabeza la paloma, no, le cayo la maceta al pobre; Allí quedó, tendío, con la cabeza rota , los añicos de maceta pa´un lado, la paloma pal´otro y las bragas blancas en la mano del negrito, bueno, del moreno. Así mismito fue, espector.
Texto: Roman Martín Martín

Narración: La Voz Silenciosa
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