25 noviembre, 2012

"El avaro", último proyecto teatral de un gran actor

Se cumple un año, por estas fechas, que tuve la ocasión de disfrutar del arte escénico del recientemente desaparecido Juan Luis Galiardo, con la puesta en escena de la que sería su última representación teatral.
Como aficionada al teatro que soy, escribo siempre mis impresiones sobre la obra. Hoy, he querido rescatar de entre mis papeles la reseña que en su día hice sobre "El avaro" como un pequeño homenaje a este gran actor.

Juan Luis Galliardo / El Avaro
Un "moliere" déspota y codicioso
El AVARO
Dirección: Jorge Lavelli
Versión y adaptación:Jorge Lavelli, J. Ramón Fernández
Elenco: Juan L. Galiardo, Carmen Álvarez, Manuel Brun, Manolo Caro, Manuel Elías, Palmira Ferrer, Javier Lara, Mario Martín, Walter May, Rafael Ortiz, Irene Ruiz, Tomás Sáez, Aída Villar.


"El avaro" está dividida en cinco actos y representa «una radiografía del ser humano».
Inspirado en 'La olla', de Plauto, Molière satiriza la falsedad y las costumbres de la sociedad francesa del XVII.
La obra analiza la avaricia, encarnada en Harpagón, que está enamorado de Mariana y pretende casarse con ella a pesar de que su propio hijo, se constituye en su rival. El poder del protagonista radica en su dinero, con el que pretende comprar los sentimientos más puros.


¡¡¡ Pisando fuerte sobre las tablas !!!
Así llegó Juan Luis Galiardo al escenario, sumando talento a la memorable pluma de Molière. Desde el primer momento se convirtió en el dueño y señor del escenario y en el cómplice directo del espectador.

Esta versión del libreto, amena y muy divertida, desarrolla la trama a lo largo de casi dos horas en las que Juan Luis Galiardo maneja a su antojo el personaje creado por Molière, mostrando un Harpagón a veces cruel, a veces amante, a veces divertido, … grotesco, dramático, ... pero siempre "necio".

Galiardo es la cabeza del cartel pero cuenta con un brillante elenco que garantiza el éxito y el lucimiento sobre el escenario del texto de José Ramón Fernández.

Una magnífica puesta en escena en la que todos los actores aparecen con rostros blancos y guantes. Se mueven por el escenario con una gesticulación extraña, entre la farsa y el mimo. Son como muñecos medio humanizados. Esta manera de moverse, con un braceo constante, parece traducir libremente en lenguaje gestual un estado de ánimo que no reflejan sus rostros.

El decorado, formado por una estructura móvil metálica llena de puertas y espejos, hacen que el teatro se convierta en una auténtica caja de sorpresas. Sólo cabría señalar, en mi opinión, una deficiente iluminación que en ocasiones dejaba a los actores en la penumbra.

Durante casi dos horas he disfrutado, me he reído y sobre todo he admirado el talento de estos trece actores que formaban el elenco encabezado por el grandísimo Galiardo, un monstruo de las tablas, un actor de campeonato, ... ¡un actor que se mueve por el escenario como pocos saben hacerlo!

Crítica: Pilar Pastor