13 marzo, 2013

En la espiral de la noche

Noche estrellada. Vincent Van Gogh.
Imagen tomada de Internet
Vincent saltó de la cama y corrió a asomarse a la ventana. Un cielo turbulento, agitado, brillante, preñado de miles de estrellas incandescentes, iluminaba el enhiesto ciprés que, noche tras noche, velaba el sueño de la ciudad.
Recluido entre las cuatro paredes de aquella habitación pasaba los días recordando formas, colores, luces, brillos, perspectivas…, y movimientos de aquel cielo que se había apoderado de su alma, arrebatándole la poca cordura que le quedaba.
Realidad y fantasía se debatían, incansablemente, entre sus sueños diurnos y las horas pasaban lentamente hasta la caída de la tarde.
Aquella noche, por fin, las tres estrellas que revoloteaban en el cénit azul y morado de la noche lo habían absorbido en medio de laberínticas nebulosas, dejando tras de sí, y grabadas en su retina, una impresionante y brillante estela en forma de espiral. Al fin podría terminar su obra.
Hoy, Vincent descansa feliz sabiendo que su "Noche Estrellada" despierta admiración entre los miles de visitantes del MoMA.

Texto: Pilar Pastor