11 mayo, 2013

Quizá un martes de otoño

Dedicatoria de un poeta
El año empezó en invierno, como todos los años, pero a mi me trajo aires de otoño.

A mi me gusta leer poesía y debo añadir sin pudor que no se me da mal su recitado. Pero es que con poemarios como "Quizá un martes de otoño" es imposible no dejarse llevar por la cadencia, el ritmo y los silencios que Amando ha ido labrando en cada verso.

En su dedicatoria me hace cómplice de su desasosiego y es que él sabe de mi orfandad y lo que supone ir aceptando que la vida de nuestros amados padres no es eterna. Aunque él quiera eternizarla en esos huecos que el día le permiten ser mejor hijo.

He leído el poemario en orden y de un tirón. Lo he vuelto a leer abriendo al azar y dejando

que los ojos fuesen a los versos sin orden ni concierto. Pero el culmen de la comunión con el poeta, llegó el día que decidí seguir -reloj en mano- su cronología exacta y precisa. Déjame decirte, Amando, que a través de tu desasosiego he llegado a sentir el amor de mis propios padres; de mi querida madre. Me llevaste a la conclusión de que ojalá Dios (o las fuerzas que nos gobiernen) no nos permita vivir todo cuanto somos capaces de soportar. Llegados a ese punto, cerré el libro y lo puse en la estantería de la cabecera. Su misión la ha cumplido con creces. Y con humildad te digo que la tuya, como hijo-poeta, también.

Gracias por la catarsis.

Isolda me lo regaló y Amando me lo dedicó el mismo día de su presentación. Gracias infinitas por la generosidad de ambos.

Reseña: Mariluz G.H.