14 octubre, 2016

Tonos deseperados

El teléfono de los parias, nueve pulsaciones a ritmo. Espera la voz suave que muerde mis labios con agresividad. El tono desesperado golpeando mi humillación. Sabor de la carne que corta, desgaja la pala, que viene y va, cubriendo mi ataúd. Sabor viscoso, templado, son todo alertas. Nuestros dientes chocan tratando de emular el engranaje de nuestras lenguas, sin rozarse, a través del aire. Un golpe de sabor a tabaco, un resuello brutal de gustos y alientos mezclado, lubricando el viento, el aroma sutil que desprendes en mi ansiada pesadilla. Real, tu voz. Saliva y un hilo sanguinolento entre las comisuras, ahora pausadas tocándose, respiran apoyadas. Un olvidado acné, supurando miel entre nuestras temblorosas piernas. Lamer sus empentones, oliendo su orgía creciendo, apagando la mía hasta maridarla con el vaivén acompasado. Gritos ahogados en las bóvedas de nuestros paladares, discordantes los acelerados latidos resbalando con el sudor. Rojo. De un barniz brillante, manchado con la tierra desgarrada que lo va cubriendo, cada vez que el susurro me excita. Suena 4 veces, como un puñetazo; tiritando cuando la voz me agarra, se escurre entre mi calentura, su seducción burda me deshiela. Desgarro la muerte matándome.

Texto: Ignacio Alvarez Ilzarbe