24 septiembre, 2016

Acojeja sí aparece en los mapas

Crítica de "Crónicas del Acojeja"


Título: "Crónicas del Acojeja"
Autor: VV.AA.
ISBN: 978-1-326-72864-9
Páginas: 138
Y no sólo en los mapas tradicionales, a partir de ahora, este pequeño pueblo tinerfeño y su bar y sus gentes novelescas, estarán presentes en los mapas imaginarios que guardan en el subconsciente, aquellos lectores que han tenido la oportunidad de leer Crónicas del Acojeja, un libro de relatos escrito por nueve autores, la mayoría naturales o residentes en Tenerife: Miguel Ángel Brito, Amando Carabias, Francisco Concepción, Teresa Giráldez, Ángeles Jiménez, Ana Joyanes, Dácil Martín, Belén Valiente e Inmaculada Vinuesa. Prácticamente todos han escrito y publicado poesía, cuento, relato, novela, además de participar en novelas colectivas y antologías literarias.

Proyecto eminentemente colectivo, en el que un grupo de artesanos de la escritura, han cimentado y recreado un mundo rural, fronterizo con otro mucho más fantástico, un mundo original y único que sorprende por la abundancia de personajes y de elementos que lo componen. Aún teniendo en cuenta que puede haber tantos puntos de vista, como autores han participado en el proyecto, el resultado final deja un poso a sabiduría popular, entre realista y utópico, como si estas gentes casi abandonadas en un pueblo apartado sean capaces de encontrar su propio camino, sin apelar a la necesidad de engancharse a la ortodoxia o a los principios que rigen las relaciones humanas. Aunque no se puede decir que se trata de un libro escrito a dieciocho manos, (estamos hablando de relatos) tampoco debemos olvidar que el resultado global de Crónicas del Acojeja, denota cierta armonía en el criterio, dejando al lector la sospecha de que ha estado inmerso en muchas historias que convergen en una más vital: las vivencias reales o ficticias de los habitantes de Acojeja. Por supuesto, cada relato tiene vida propia, pero también es verdad que, como si de capítulos estructurados se tratara, todos enlazados crean una atmósfera muy singular.

Para sacar adelante un proyecto de estas características, se supone que los participantes han mantenido numerosas reuniones para coordinar ideas, también se supone que teniendo cada autor su propio estilo, en algunos casos muy evidente, habrán asumido, en algunas ocasiones, un ejercicio de compromiso colectivo con el objetivo de alcanzar un consenso que facilitase el resultado global del libro. No obstante, entendiendo que la diversidad suele ser enriquecedora, (hay un relato con innegables tintes poéticos), estos contrastes estilísticos, incluso pueden ser un aliciente para realzar la visión general.

Francisco Concepción Álvarez,
Los autores de la Obra de izquierda a derecha,
arriba: Dácil Martín, Miguel A. Brito, Francisco Concepción
y Ana Joyanes. Abajo: Ángeles Jiménez, Teresa Giráldez,
Belén Valiente e Inma Vinuesa. Falta Amando Carabias
.
Dieciséis relatos en los que concurren una serie de protagonistas y de circunstancias que sirven de nexo para engarzar las crónicas del bar Acojeja, situado, como dice la introducción del libro, “al borde de la Carretera General del Sur”, en una zona alejada de algunos de los peligros que comporta la civilización, pero no exenta de otros muchos problemas e intereses que inquietan a los seres humanos. Un bar que, como encrucijada y termómetro social, lo mismo se instala en la tristeza por una muerte absurda, que en la algarabía por una diva del cine.

Como ya se ha comentado, Acojeja, es un lugar donde lo rural y lo fantástico se dan la mano, y como ejemplos, el futuro lector puede descubrir por qué una puta no puede enseñar su pecho izquierdo; qué secreto culinario trasmite una madre, antes de morir, a su hijo; por qué un cura recién salido del seminario es desterrado al pueblo apartado; qué animal es el único testigo de encuentros furtivos; cómo un médico jubilado pierde la tartamudez; qué sueños repetitivos puede tener una maestra que para los vecinos del pueblo pasa casi inadvertida; qué descubre un niño, casi adolescente, el día del entierro de su abuelo; por qué compiten dos amigos que se emborrachan en el bar; por qué un cartero es el mejor conversador siendo, a la vez, parco en palabras; por qué el corazón de una mujer puede querer a dos hombres a la vez; por qué un niño se refugia en
una gruta junto a la coruja; por qué el enterrador decide el día y la hora del entierro; qué pecados tendrán que confesar los hombres al médico que no pueden confesar al cura; por qué las mujeres saben que no es bueno que un hombre signifique todo en su vidas; o por qué una mujer puede hacer que la iglesia se llene de fieles y el bar se vacíe de parroquianos. Estas y otras preguntas están contestadas con ciertas dosis de originalidad, haciendo que la lectura de Crónicas del Acojeja sea muy placentera, un libro agradable que satisface la curiosidad del lector a medida que pasa sus páginas.

Hay que reconocer que los personajes en sí mismos (la prostituta, el hijo homosexual, el cura, el médico, la maestra, el guardia civil, los borrachos, el tabernero, el cartero, el enterrador o la viuda) pueden parecer tipos estereotipados, y así es, si son recitados de carrerilla, pero es de justicia reconocer que los autores se han esforzado en dotar a todos y cada uno de ellos, de una nueva dimensión, enriqueciendo su identidad y creando nuevas perspectivas, en ocasiones con tintes divertidos, o emocionantes, o mágicos, siempre originales. Son personajes que acarrean con una marcada carga humana en la mayoría de las veces, con sus problemas e inquietudes, personajes con sus fortalezas y, sobre todo, con sus debilidades.

Abarcando la acción de los hechos una treintena de años, aproximadamente los últimos del siglo pasado (final de la dictadura, transición, etcétera), en la opinión de este lector, se echan en falta referencias a la situación política; resulta extraño que en un grupo tan numeroso de personajes, algunos con estudios, carezcan o sean ajenos a las ideologías.

Seis de los relatos son narrados en primera persona por diferentes protagonistas: ¡Oh señor, ayúdame o déjame caer otra vez!, Manos enhebradas de invierno, Viuda, Cuevas y almendros, El día que Lizza Minelli cagó en Acojeja por fin apareció en los mapas y Más allá), el resto en tercera persona (La teta pirata, El mejor secreto, Secreto profesional, Negro deslutado, ¡Qué cabrón!, En el bar más triste del mundo, Sin palabras, Una oración por su alma, Apasionada Adelina y Las arañuelas. Como se puede apreciar, hasta los títulos de los relatos tienen un buen grado de originalidad e ironía.

La sensación de haber leído una obra con tintes rurales y mágicos, ha resultado evidente en varios relatos; muchas de estas crónicas no solamente atañen a la vida del pueblo, sino también, al mundo misterioso del bosque, del monte, de las cuevas, de los animales, de las miradas al mar o de nieblas que bajan y que por arte de magia, hacen que el hombre, un niño en este caso, quede atrapado en la naturaleza, como prólogo de un suceso que marcará su vida. Son estos pequeños-grandes acontecimientos, estos elementos literarios y otros numerosos detalles que atesora este libro de apenas 137 páginas, los que hacen disfrutar al lector con cada relato; hechos y personajes que se entrecruzan para urdir una historia que va más allá del propio relato individual. Al contrario de lo que sucede con tantos libros en los que sobran cientos de páginas que son simplemente paja, Crónicas del Acojeja cuenta con suficientes elementos, personajes y planteamientos que pueden dar más de sí, que tienen recorrido para más páginas y, por supuesto, para más relatos. Algunos ejemplos: la Barbería del Guadaña, La enfermera de altos tacones y de larga melena negra, el alcalde que promueve levantar monumentos, el gestor de la venta de Olga, la tendera de mirada dolorosa, la simple costurera convertida por milagro en buena modista o el joven guardia civil palentino y su superior, el sargento literato.

Como es lógico, hay relatos que por sí solos merecen otro tipo de comentarios más extensos, pero esta reseña únicamente pretende opinar, quizás discutir, sobre el conjunto de relatos que forman Crónicas del Acojeja, un lugar, que no desaparecerá de la memoria del lector.